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INOLVIDABLE ANDRES MONTES, TRES AÑOS SIN EL

Cuantas frases están en nuestras mentes, que las decimos a diario y muchas veces no sabemos ni quien las dijo por primera vez , ni el porqué las decimos, pero la mayoría de las personas, incluso las que no les gusta el baloncesto, frases como  «¡Porque la vida puede ser maravillosa!» saben de quien son, si no el nombre, pero si te dicen de aquel hombre calvo, con gafas que siempre llevaba palomita.
Andrés Montes, no era un comentarista de baloncesto, que curiosamente se hizo conocido a mucha gente, retransmitiendo futbol. Era un narrador, contaba los partidos de manera singular pero brillante. Todos los recordamos y lo recordaremos. Que joven y no tan joven , no chilla «¡Ratatatatatatata!»  cuando ve entrar un triple de nuestro equipo. Y durante un partido seguro que escucharemos mas de una de esta frases:  «¡Wilma, ábreme la puerta!» «¡Jugón!» «¿Dónde están las llaves Salinas?» «¡Qué vienen los sioux!» «¡Tiki-taka!» «¡Fútbol con fatatas!» «¡Mister catering!» «¡Menudas mandarinas se tira aquí el amigo!» «¡Tiburónnnnnn!» «¡Ratatatatatatata!» «¡Aerolíneas Jordan!»
 Y como dice en su artículo Miguel Panadés en la página de la FEB:

Han pasado tres años desde la muerte de uno de los narradores más singulares y brillantes del baloncesto, del deporte, español. Su recuerdo traspasa generaciones y son miles los aficionados que desde diferentes medios y lugares evocan todavía hoy su figura.
 Los elogios siempre suelen llegar tarde y en el caso de Andrés Montes su recuerdo no hace más que agrandar esa leyenda  de narrador transgresor, de icono mediático desde detrás de un micrófono con el que desenvolvía con extraordinaria  simpatía y naturalidad. No hay un solo aficionado al baloncesto español que no reconozca esos guiños inconfundibles de ese periodista entregado al baloncesto desde muchas décadas atrás y que, primero en radio, después en televisión, siempre ofreció un estilo singular que mezclaba hábilmente entretenimiento e información.

Se convirtió en un personaje tan o más popular que los propios deportistas a los cuales siempre encontraba el mote adecuado, siempre sabía calificar con la palabra o frase que le identificaba. Curioso caso el suyo siendo capaz de llegar al aficionado más joven y hacerle reír durante esas transmisiones en las que siempre se hacía acompañar por “entendidos” a lo que desarmaba habitualmente con su fina ironía. Han pasado tres años y el elogio continúa. La vida podría ser un poco más maravillosa de haber seguido siendo narrada por Andrés Montes.

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